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¿Cómo fluye el conocimiento en mi empresa?

Hoy he tenido una de estas breves conversaciones que dicen mucho en pocas palabras: me tocó reflexionar contra alguien más listo que yo, sobre la evolución del conocimiento en mi empresa. Y como no hay nada mejor que decirlo en voz alta para entenderlo aquí queda mi reflexión.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, yo pensaba que el conocimiento personal es un factor diferenciador que debía ser guardado y atesorado. Mi gran “valor”. La tendencia que tenía era dividirlo entre “departamentos”, acumularlo y atesorarlo. Sólo yo tenía el conocimiento global y lo guardaba como si fuese la clave de mi empresa.

Como mi lógica aplastante decía, llegó un momento que fue la clave de mi empresa… ¡era lo que quería! ¡pues conseguido campeón!
Pero como todo buen logro, cuando lo alcanzas, se vuelve estúpido. La empresa creció y todo el mundo preguntaba todo al que tenía el conocimiento. ¿Resultado? Mi cabeza casi explota, siempre digo que yo antes de esa época era más listo, ahí perdí la mitad de mi cabeza. Había convertido la ventaja competitiva del conocimiento en una estúpida desventaja tipo embudo.

En la siguiente fase, y digo “siguiente fase” por no decir que soy atontado y tardé casi 10 años en evolucionar, me di cuenta de que no vale para nada “acumular” el conocimiento. Mi empresa no podía crecer más rápido de lo que yo podía hacer. Llegó el momento de crecer (como empresa y como persona) y compartir ese conocimiento entre todos.

Entonces llené mi cabeza de pájaros y empecé a creer en nubes rosas y algodón. Empezamos con las formaciones: La clave era dar cursos y más cursos. Cursos sobre todo. En grupo, personalizados, cercanos, lejanos… todo cursos. La formación fluía, pero el conocimiento NO. La evolución no era la deseada y esto se volvía raro. ¿Por qué la gente no aprende más rápido?

A esto había que sumar otro tema, cuando alguien tenía que cambiarse de proyecto o tarea o alguien nuevo venía había que volver a empezar todas las formaciones ¡Un desastre y tiempo perdido!

 

Y llegamos al plan 2.0. ¡¡Hagamos una base de datos del conocimiento!! Montamos una plataforma para colgar manuales y empecé a colgar todo tipo de documentos explicativos para que el conocimiento pudiese fluir.

Aquí hay un punto de inflexión: Tengo el conocimiento, he decidido compartirlo y lo estoy escribiendo… ¡vamos a ser una mega-empresa!

Por suerte, y para darle emoción a la vida, volví a equivocarme. Tener el conocimiento es una cosa, aprender a compartirlo es otra, el trabajo de compartirlo otro totalmente diferente, pero… ¿eso es todo? Pues no, nunca lo había pensado, pero…

 

¿Quiere la otra parte obtener ese conocimiento?

¡Siempre nos olvidamos de las personas! ¡y voilà, vuelven para sorprendernos! ¿y si el empleado no quiere adquirirlo? (o no a la velocidad necesaria). En serio, me encanta la informática y la empresa, pero por mucho que alguien se empeñe en darme conocimientos de costura, por muchos cursos que me den y muchos manuales que tenga… nunca aprenderé a coser (o nunca lo haré bien).

Y aquí mi paradoja del conocimiento: Cuanto más conocimiento quiero compartir, cuanto más conocimiento redacto y más se pone a disposición, menos se interioriza. Lo de “la letra con sangre entra” no sé si es cierto, pero que el conocimiento que se adquiere sin esfuerzo no se “adhiere” es bastante verídico.

Mi mundo ideal se desmorona y empezó a existir en la empresa la figura del “no tengo conocimientos pero soy capaz de seguir manuales” y, lo peor de todo… ¡funcionaba!
Esto no cabía en mi cabeza, quería formar un ejército de cracks y descubro que no todo el mundo tiene/puede que ser un crack senior desde el minuto 1 de su vida laboral.

 

¿Volvemos al principio de la reflexión?

Empezamos con personas sin conocimientos, pasamos por compartir conocimientos y volvemos a personas sin conocimientos (y con manuales)… ¡¡pero que pueden hacer el trabajo!! ¿a que ya no estamos como al principio no?

personas sin conocimientos pero… ¡que pueden hacer el trabajo!

Aquí mi amigo me puso la puntilla con una historia que me encantó. Me contaba que un compañero de trabajo hizo un proyecto alucinante y complejo y llegó junto a su jefe para contarlo lo bueno que era. El jefe se quedó mirando para él y le preguntó si lo había documentado, si lo había compartido y cuántos empleados más podría volver a hacer esa auténtica virguería. El pobre empleado se quedó mirando y dijo… “nadie podría repetirlo”. Tres segundos después de su absoluta virguería fue despedido.

 

¿A dónde quiero llegar con todo esto?

Aquí pongámonos serios: Me han explicado que hay dos tipos de conocimiento, el conocimiento técnico y el expertise.
El expertise nos lo da la edad, y la experiencia. En este artículo hablo sólo del conocimiento técnico.

Y una vez explicado esto, dividamos el mundo en tres: los que hacen manuales (profesionales senior), los que siguen los manuales (profesionales junior) y los que sabrían hacer manuales pero no comparten el conocimiento (profesionales despedidos).

Queridas PYMEs ahora tenemos que decidir cómo fluye el conocimiento en nuestras empresas… ¿prefieres cracks que solucionen los problemas “en solitario” o gente capaz de generar un equipo que solucionen problemas de forma sostenible?

 

 

Rafa García
agosto 11th, 2016 at 9:50 am

Superinteresantes tus reflexiones, Jorge. Sobre todo porque parten de la pura experiencia. En mis años de profesión me he encontrado una y otra vez con este mismo problema y con el tiempo desarrollé una solución. No es mágica (ninguna lo es) ni especialmente original, pero funciona.
[url=” http://www.valor20.com/portfolio-item/plan-de-activacion-del-conocimiento-organizativo-paco/”%5DPACO%5B/url%5D

agosto 18th, 2016 at 1:40 am

Gracias Rafa!! Muy buena la definición/acción (y la nomenclatura) de PACO y muy útil saber que hay una ISO para esto también.

Nosotros ahora estamos desarrollando la herramienta sobre la que sustentar el aprendizaje y la verdad que no es tarea fácil!

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